Seguramente hayas oído hablar de este concepto recientemente, y si no es así, sigue leyendo.
Lo que tradicionalmente nos ha ido imponiendo la sociedad es que, conoces a alguien en la adolescencia o juventud, te enamoras perdidamente de esa persona, te casas o te emparejas y te vas a vivir con esa persona. Pero la convivencia, en muchas ocasiones, está sobrevalorada. Tendemos a pensar que cuando vamos a vivir con esa persona, todo va a ser maravilloso, se va a compartir mucho tiempo, en un espacio limitado en el que estáis la otra persona y tú. Se nos olvida que esa persona suele tener sus rutinas, una determinada educación con unos valores y unas creencias, un determinado nivel de tolerancia a la suciedad… toda una serie de características, que cuando entran en juego con las nuestras, en ocasiones puede ser complejo buscar el equilibrio. Tendemos a pensar que nuestras rutinas o formas de hacer, son mejor que las de la otra persona. En ocasiones esto puede ser acertado, pero en otras no. Entonces, hay que llegar a consensos, dialogar sobre la distribución de las tareas, empatizar con la otra persona, ver con qué nos sentimos más cómodas o cómodos y que es lo que se nos da peor y a partir de ahí se puede empezar a construir y compartir la vida y el espacio, (en este caso estamos hablando de relaciones de pareja, pero sería válido para cualquier convivencia). La cuestión es qué, cuando algunas parejas acuden a consulta, por algunas dificultades sexuales (falta de deseo por ejemplo), debajo, lo que se encuentra en ocasiones, es un reparto de responsabilidades desequilibrado en las tareas de cuidados y de la casa, carga mental y poco tiempo libre por parte de alguno de los miembros de la pareja.
Tenemos asumido (no todo el mundo ni a todas las edades) que, si realmente quieres a una persona o estás enamorada de ella, tienes que compartir el espacio. Pero lo cierto es que, para estar con una persona, en ocasiones lo mejor es NO compartir el espacio, porque hay parejas a las que les funciona, pero hay otras que, priorizan tener su espacio propio y compartirlo cuando lo deseen. De ahí nace el concepto de Live Apart Together (vivir separados juntos), en nuestro país, lo que se ha denominado siempre, juntos pero no revueltos. Últimamente se habla más de ello, pero la realidad es que es una fórmula que ya existía. Esta opción a algunas parejas les funciona muy bien, y no sólo a personas jóvenes, sino también a personas que ya han tenido alguna relación y que en la actualidad priorizan respetar su espacio y compartirlo cuando se acuerde.
Las ventajas que tiene esta fórmula:
- Mantener la autonomía y el espacio personal: hay personas que valoran mucho su espacio y su forma de mantenerlo y que no quieren verse invadidas por otra persona aunque quieran tener una relación con ella. Eso no significa que la quieran menos, sino que, quieren mantener una relación de una manera igual de válida que cualquier otra, pero sin convivencia y todo lo que ello implica. Además, fomentar el espacio personal implica disponer de más tiempo para disfrutar de aquellas cosas con las que se disfruta, lo cual, repercute a su vez, de manera positiva en la pareja.
- Mantener la chispa: a veces, la rutina puede ser la peor enemiga para mantener relaciones eróticas. Por ello, la distancia física, puede ayudar a fomentar el deseo y a no caer en la rutina.
Inconvenientes que se pueden encontrar:
- Incomprensión: es posible que tu entorno no entienda esta forma de mantener una relación o incluso que la persona con la que quieres compartir y mantener tu autonomía no termine de comprender que necesitas que se respete tu espacio personal.
- Sentimientos de soledad o desconexión: puedes sentir en algunos momentos una desconexión emocional al no querer compartir con esa persona el día a día.
¿De qué manera se puede poner en marcha?
- Los dos miembros de la pareja tienen que querer relacionarse de esta manera. Si hay una de las dos personas que está pensando que esto es una etapa previa a compartir, tarde o temprano se convertirá en un conflicto.
- Redefinir el concepto de compromiso, estableciendo pactos, en los que, la pareja defina de qué forma se van a relacionar, en qué momentos quieren compartir y en qué momentos prefieren mantener su espacio.
Al final, se trata de encontrar la fórmula, que a cada pareja le funcione, estableciendo acuerdos en los que ambas personas se encuentren cómodas.

