¿Qué es la educación sexual?
Cuando a educación se añade sexual, a veces saltan las alarmas. Hay que tener en cuenta que, educar en sexualidad es hablar de cómo funciona el organismo, cómo funcionan los órganos sexuales, hablar de menstruación y de menopausia, hablar de mitos que circulan en la sociedad, implica reconocer que cambios nos pueden afectar a lo largo de la vida en el cuerpo por el hecho de ser mujer u hombre. Pero también implica hablar de los afectos, de los placeres, de lo que nos gusta y lo que no, hablar de consentimiento y consensos, hablar de identidad y de orientación, de si me siento a gusto con mi cuerpo y lo que siento, hablar de aceptarse, hablar de muchos aspectos que tienen que están dentro del paraguas de la sexualidad.
¿Cuándo se debe hacer educación sexual?
Es una pregunta muy frecuente. En muchas ocasiones se considera que cuando hay que hacer educación sexual es en la adolescencia. Muchos programas públicos, colegios, institutos… consideran que alrededor de los 15 años es lo adecuado, pero en esta edad se llega tarde para realizar educación sexual, ya que, la sociedad, los medios, las redes, la pornografía, está haciendo educación sexual desde hace varios años. En otras ocasiones, las instituciones piden hacer educación sexual cuando ya ha pasado algo en el centro, como algún caso de bulling por la orientación sexual o por la identidad sexual o alguna situación de acoso o agresión. En estos casos solo estamos apagando fuegos y haciendo educación sexual desde la urgencia, ya no es educación sexual desde una perspectiva positiva, sino que es, desde los riesgos.
Hay que tener en cuenta que la educación sexual es importante en todas las edades.
En la infancia, es importante que conozcan su cuerpo, incluido sus genitales, que sepan cuál es su nombre y que identifiquen cuales son las partes públicas y cuáles son las partes privadas, a las que solo puede tener acceso uno o una misma.
Destacar que se considera que con 15 años es la edad para dar educación sexual, pero, a los 15 años ya las adolescencias es posible que hayan experimentado con su sexualidad. Por lo tanto, anticiparse es lo adecuado. Además, los datos lo que indican es que, por tener información no se incita a tener relaciones eróticas, sino que, teniendo la información en muchas ocasiones la edad del primer encuentro se retrasa.
En ocasiones, lo que se ve en la consulta sexológica es que hay falta de formación en educación sexual y que algunas dificultades sexuales vienen de, querer ser “normal”, o considerar que, por tener determinada respuesta sexual, ya no se es “normal”. Normal es un programa de la lavadora.
Cuando hablo de hacer educación sexual con personas mayores, hay personas que me dicen que ya no lo necesitan, que las personas mayores no tienen sexualidad ¿por qué?!! ¡La sexualidad nos acompaña durante toda la vida! Desde que nacemos hasta que morimos.
Por lo tanto, lo adecuado es defender una educación sexual en todas las edades.
¿Por qué es importante hacer una educación sexual de calidad?
Porque la sexualidad forma parte de la persona, no es algo que vaya aislado. Somos seres sexuados, es decir, que tenemos unos caracteres sexuales primarios, genitales, cromosomas, hormonas, caracteres sexuales secundarios, tenemos identidad y orientación sexual, somo seres sociales y nos relacionamos a través de los afectos, nos expresamos como seres sexuados y recibimos constantemente educación sexual a través de la sociedad. Pero la sociedad en ocasiones ha tratado la sexualidad como un tema tabú, por lo que, los silencios también han hecho educación sexual.
Por lo tanto, si dejamos que la educación sexual la realice la sociedad, podemos correr el riesgo de que los mitos y estereotipos se sigan perpetuando indefinidamente, generando insatisfacciones e inseguridades innecesarias, que nos constriñen, que nos impiden en ocasiones desarrollarnos como las personas que somos.
Los objetivos que se pretenden alcanzar con la educación sexual es:
- Conocerse. Es fundamental para el desarrollo de nuestra identidad como personas, saber quiénes somos.
- Aceptarse. Reconocerse, ser compasiva o compasivo con uno mismo, integrar las fortalezas y las debilidades es fundamental.
- Satisfacerse. Entendiendo quienes somos e integrando cómo somos, es más fácil poder llegar a saber qué es lo que nos gusta, como nos sentimos bien y que es lo que necesitamos.
Y esto es, ni más ni menos lo que desde la sexología se pretende con sus intervenciones.

